María José Matos Wagner y Jorge Wagner

Un poco sobre nosotros y de nuestro trabajo de campo

 

Nacidos en Marruecos, Jorge, en  Al-Hoceima en el Rif, a orilla del mediterráneo, de nacionalidad alemana y yo en Casablanca, de nacionalidad portuguesa. 

Nos casamos en 1971 y vivimos en Al-Hoceima hasta el final de 1973. Este año por razones ajenas a nuestra voluntad tuvimos que dejar Marruecos definitivamente y instalarnos en España.

 

Unas de nuestras muchas aficiones son: la antropología, la investigación, la arqueología, la fotografía, la filmación y viajar a África.

 

El trabajo de campo

Este trabajo de campo necesito de 32 viajes a la zona del Rif. Tanto para visitar a las 58 tribus alfareras que marcaban el mapa de la alfarería femenina. 

El documental, como se hizo

En unos de nuestros viajes a Al Hoceima. Nos sorprendió no encontrar en venta dicha cerámica, ni en la cuidad, ni en los zocos de alrededor. Esta situación desper nuestro interés y el deseo de encontrar una alfarera en activo. La idea era realizar un documental con todas las fases de fabricación de dicha cerámica.

 

Después de unos días de recorrer las pistas de la zona que nos habían indicado, dimos con la casa de la alfarera.  nos recibió Sultán, el marido de esta, que nos invito a entrar y tomamos el te de bienvenida. Le expusimos nuestras deseo de filmar el trabajo de su mujer que era  alfarera. No fue fácil, ya que sin el consentimiento de la alfarera no podiamos realizar nuestro sueño. despues de unas negociaciones Thamimount asintió y cerramos el trato con un buen apretón de manos con Sultan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre por la puerta que daba al patio con las cámaras colgadas del hombro. El sol de la tarde iluminaba el rincón donde estaba Thamimount. Sentada sobre una piel de cordero, estaba bruñendo una vasija, tranquila, sin prisas. Me invadió un sentimiento de paz y el tiempo se detuvo. Apenas me atrevía a respirar, no quería que la magia del momento se desvaneciera. Thamimount me miro sin levantar la cabeza y siguió trabajando. Me acerque a ella despacito y me apoye a la pared dejándome deslizar hasta quedarme en cuclillas. Estaba hipnotizada por la sencilla belleza del lugar.  Después de un rato llegaron los niños que entre risitas y empujones nos hicieron volver a la realidad y me puse a filmar.

 

Para realizar nuestro documental hicieron falta 8 viajes de 10 días cada uno a Idardouchen. No solamente queríamos dejar filmado todas las fases de esta alfarería exclusivamente femenino donde la mano del hombre no había participado nunca, ni en las labores mas pesadas. 

 

No todos estos viajes fueron  fructuosos y no siempre fue fácil conseguir a la primera las secuencias deseadas para el documental. En el mundo rural el tiempo discurría sin prisa y nada era urgente, ni imprescindible.  

Algunos veces al llegar a la casa de Thamimount, esta estaba indispuesta o simplemente por motivos personales no trabajaba o  estaba haciendo una fase que ya habíamos filmado porque era lo que tocaba este día.

En estos momento siempre encontrábamos una salida  a la nueva situación para no perder el viaje.

 

Aprovechando para ir a visitar otras tribus alfareras de la provincia de Al-Hoceima o alguna veces simplemente nos quedábamos allí en el douar. Yo, con las mujeres ayudándolas a sus quehaceres domésticos como hornear el pan  y Jorge se quedaba con Sultán charlando alrededor de un te con hierbabuena recordando tiempos pasado. Nosotros éramos de allí, Jorge justamente había nacido en el zona y conocedor del periodo histórico del protectorado, y como pareja habíamos vivido y trabajado en Al-Hoceima y éramos conocedores del fuerte carácter bereber. 

 

Esto me dio la oportunidad de entrar en la intimidad del día a día de la familia. Conocer sus costumbres. Hacer preguntas y sobretodo intimar con la hija, las nueras y nietas.   

 

En Febrero 2004  volvimos a Idarduchen con el documental terminado. Queríamos que fuera ella, nuestra protagonista, la primera a ver nuestro trabajo. 

Por aquellas fechas el cableado eléctrico no existía en toda la zona. Nos habíamos traído el portátil y una vez toda la familia instalada alrededor de este fueron aparecieron las primeras imágenes. 

Thamimount emocionada, no paraba de apretarme las manos en señal de agradecimiento mientras se veía trabajar en la pantalla y al mismo tiempo asentía  con la cabeza confirmando con una pequeña sonrisa que así era efectivamente. 

 

Fue una tarde inolvidable, con muchos agradecimientos. Thamimount hacia nosotros y nosotros hacia ella y su familia, por su paciencia, por aguatar la cámara y  por turbar en cada viaje la paz de su patio y su trabajo.