María José Matos Wagner y Jorge Wagner

Un poco sobre nosotros y de nuestro trabajo de campo

 

 

 Somos pareja y los dos somos nacidos en Marruecos, Jorge en la parte mediterránea, en Alhucemas, de nacionalidad alemana y yo en Casablanca en la costa atlántica , de nacionalidad portuguesa. 

Siempre habíamos vivido en Marruecos. Nos conocimos y nos casamos en Alhucemas en 1970 y alli formamos nuestro hogar. Pero en 1974 por razones ajenas a nuestra voluntad dejamos Marruecos definitivamente y nos instalamos en España. 

A los dos nos gustaba la cerámica y nos llamaba mucho la atención la cerámica de la zona. 

De hecho habíamos comprado en el zoco de Beni Boufrah un cántaro para decorar nuestro salón. También teníamos algunas piezas  de Beni Ouriaghel pero estas eran mas antigua ya que habían sido compradas por mi suegra a su llegada a Alhucemas por 1936. Era una cerámica impresionante, modelada con mucho esmero y algunas piezas muy decorada. Entre todas ellas destacaba una en particular que la llamamos pico de pajaro por la forma de su borde que acababa en pico a cada lado y que hacia recordar  a los gorriones en el nido con el pico abierto para recibir la comida.

 

    Trece años después volvimos a Alhucemas. Poco  había cambiado el pueblo.  Nos sorprendió no encontrar cerámica en venta. Nos habían encargado algunas piezas y nos fue imposible encontrar ni una sola. ¿Que habrá pasado nos preguntamos? Nos fuimos al zoco del pueblo allí solo encontramos cerámica del sur que no tenia nada que ver con la local. Esta era torneada y barnizada, nada que ver. Sabíamos que eran alfareras las que la producían pero dónde estaban, Porque ya no bajaban los hombres de la familia alfarera a  venderla en la cuidad.

¿Que habrá pasado con las alfareras ?

    Jorge era aficionado a la filmación, le gustaba hacer documentales y yo era aficionada a la fotografía. Me gusta mucho fotografiar lo cotidiano, la etnologia me atrae muchísimo, me gusta hacer fotos a las cosas cotidianas, a la belleza de la vida del campo encontrar lo bello de lo sencillo. No fue difícil decidir volver mejor preparados y con más tiempo y intentar encontrar alguna alfarera que estuviera aun en activo. Poder fotografiar y filmar todo el proceso de fabricación de estas vasijas, ver a una de estas alfareras trabajar  acababa de convertirse en un nuevo proyecto y sobre todo en un sueño. 

Al año siguiente volvimos al Rif, con nuestro 4x4 y acompañado de nuestras cámaras. Nos metimos por pistas, preguntando a todo el mundo que se cruzaba en nuestro camino, adentrándonos por los montes, preguntando en todas las aldeas que cruzábamos y finalmente llegamos hasta Indarduchen de Tamasint.

  Estábamos emocionados . Por fin estábamos delante de la puerta de una alfarera.

 

    Salió Sultán, el marido a recibirnos, era mayor.  Después de los saludos de bienvenida y de un primer te, le expusimos nuestras intenciones. Tuvimos que negociar primero a solas con él. Después Sultán fue a hablar con su mujer. La alfarera dio su consentimiento y en este mismo momento empezó nuestro trabajo de campo. 

 

 

 

 

 

 

 

 

     No estaba permitido que  los hombres ajenos a la familia entraran en el patio. Era el espacio de las mujeres y de los niños. 

    Entre yo sola, con las camaras colgadas del hombro,  en el patio donde estaba la alfarera. Thamimount se llamaba, solo quedaba ella en activo en el douar (aldea). 

 Entre con las cámaras, Jorge se quedo fuera tomando mas te con Sultán en la habitacion que hacia de salon y siguieron hablando del pasado, de cuando los español estuvieron por allí y de la gente del pueblo que ambos conocían. 

 

¡¡¡ No me lo podía creer, que emoción!!! El tiempo de repente se detuvo. La luz tamizada de la tarde iluminaba aquel rincón donde estaba ella. Sentada en el suelo sobre un trozo de piel de borrego, Thamimount estaba bruñendo las piezas que estaba preparando para la cocción que mas tarde cocería en el horno a cielo abierto.

     Yo, casi sin aliento, me acerque a donde estaba ella, tenia medio perturbar este momento mágico. Thamimount me miro sin apenas interés y siguió trabajando. Me acerque despacio y me apoye a la pared, despacito  me deslice hasta quedarme en cuclillas. Estaba hipnotizada por la belleza de la escena. No podía apartar la vista de este rincón, ni me  atrevía a hacer movimiento algún. Temía que se rompiera esta magia. Después de un rato llegaron los niños y me puse a filmar.

   

 

    Para realizar nuestro documental hicieron falta varios viajes a Tamasin. No todos fueron  fructuosos, (8 viajes de 10 días cada uno) y no fue siempre fácil conseguir las secuencias deseadas para poder realizar el documental. A veces llovía, otras la alfarera simplemente no trabajaba, otras no estaba haciendo la fase que nos interesaba pero no importaba. Cuando no podía filmar me quedaba con las mujeres. Algunas veces, cuando me dejaban, les ayudaba a sus quehaceres domésticos. Así pude comprender el porque de esta cerámica, de su uso y conocer sus costumbres.  La mujer era  la responsable de transmitir los valores culturales de su tribu a sus hij@s y niet@s. 

Esta tradición alfarera que había pasado de madre a hijas desde hace mas de 2000 años y que había llegado hasta los albores del siglo XXI sin cambios notable en el modo de hacer ,  veía ahora sus días contados. Ni las hijas ni las nietas querían seguir los pasos de Thamimount con la cerámica. 

       Entonces entendimos la suerte que tuvimos de encontrar a Thamimount y de poder hacer el documenta. 

    No teníamos prisa. Solo queríamos conseguir todo el proceso de fabricación y toda la información sobre estas maravillosa alfarería.

      

       Y por fin 2 años después, dimos por finalizado las tomas para nuestro documental. 

THAMIMOUNT la última alfarera 

 

     

 

 

 

 

Pero esto era solo el principio.

     Paralelamente iniciamos una investigación y descubrimos que el Rif era un puzzle de 56 tribus de tradición alfareras.  Empezamos a visitar una por una a todas las tribus y a sus alfareras, adquiriendo así sus cerámicas para poder hacer un inventario y un estudio exhaustivo de la producción del Rif

    Cada vez nos veíamos mas atrapados por la belleza de las formas y de la decoración de estas vasijas y vajillas.

      El proceso, la situación, las creencias, la herencia ancestral eran la misma pero cada tribu era fiel a sus formas y su decoración dándole así su sello de identidad y haciéndolas únicas a la vez.

    En total fueron 48 viajes al Rif en 12 años de un trabajo de campo intenso, interesante, ameno, alucinante, descubriendo a unas mujeres alfareras que siguiendo la tradición aprendieron el oficio de sus madres y estas de las suyas etc.

    Mujeres alfareras que aprendieron a cuidar y proteger a sus familias, rodeándose de símbolos que reflejaban en la decoración de la cerámica, una simbología, que era su lenguaje secreto ante las adversidades de la vida.

    Este trabajo de campo lo damos a conocer con las exposiciones de las cerámicas, los documentales y la publicación de los libros:

Cerámica rifeña Barro femenino

La simbología de la cerámica femenina bereber del Rif