Articulo extraido  en el libro

" LA ATLANTIDA RIFEÑA de EMILIO BLANCO IZAGA "  Edicion de Vicente Moga Romero

 

    Tierra, agua, fuego y manos femeninas      La Cerámica Rifeña  

Maria José Matos 2014

 

     Dentro de la gran familia de la cerámica rifeña, cuya área de de difusión abarca todo el macizo del Rif en sus dos vertientes y sus contrafuertes y cuyas características principales son la de ser una cerámica rural exclusivamente femenina, modelada a mano, decorada y cocida en horneras a cielo abierto. Las de la vertiente mediterránea, sobre todo las del Rif central y dentro de este las de las cabilas de Bokoya y sobre todo la de  Beni Ouriaghel (Urriaguel) son las más interesantes y características

     Parece asombroso como a pesar de los siglos , y  debido a la orografía del terreno y al propio carácter independiente bereber de los rifeños, contacto con las diferentes colonizaciones y civilizaciones, fenicia, púnica, romana, árabe y últimamente el protectorado, todos poseyendo una cerámica más avanzada tecnológicamente, tornos, hornos de cámara, esmaltes etc. las mujeres rifeñas han mantenido la pureza del origen neolítico de su cerámica, utilizando para la realización de sus vasijas solo exclusivamente lo que tenían a mano, la arcilla y el desgrasante que recogían ellas mismas así como la leña y los pigmentos tanto vegetales como minerales que utilizaban para la decoración de las mismas, creando unas bellas piezas que junto al encanto de sus formas primitivas, condicionadas por la propia técnica del modelado a mano, está su interesante decoración cargada de simbología.

     En primer lugar por su técnica de fabricación que las distingue del resto de las tribus alfareras. Aquí la arcilla esta mejor trabajada, la alfarera la somete primero a un batido con un palo hasta reducirla casi a polvo y después es cribada para eliminar algún caliche que pudiera estropear la pieza durante la cocción. El bruñido igual que el modelado es más esmerado que en el resto de las cerámicas rifeñas dejando la superficie más perfecta, lisa y acabada y por último la decoración  es realizada con pigmento vegetala base del jugo de las hojas del lentisco al que llaman fadis,  al contrario también del resto de las cerámicas de las diferentes tribus del Rif que utilizan pigmentos minerales.

      En segundo lugar por su tipología. Los perfiles de algunas de estas vasijas no tienen mucho que ver con las del resto de las diferentes tribus del Rif y parecen más próximas en sus formas a la de la cultura de Los Millares 3.200 al 2.200 a.C, o a las del Bronce valenciano 1.800 al 1.200 a.C. Otras como los botijos de doble cuerpo de llenado por inmersión son totalmente personales de esta tribu, sin ningún paralelo conocido. Las vasijas destinadas a lácteos del Rif Central tales como las mantequeras akchru de forma globular y las vasijas para ordeñar takserit son también formas locales, ambas poseen un pico vertedor de forma tubular característico, vasijas similares a estas últimas aparecen en diversos enterramientos megalíticos norteafricanos.  Pero la vasija más interesante de los Beni Urriaguel Ouriaghel es sin duda un vaso con dos asas datassatz  con la forma particular de su boca, en forma de pico de pájaro  y la fuerza de la simbología de su decoración, esta está presidida en su parte superior por una figura antropomorfa esquematizada en posición orante que algunos autores quieren identificar como una barca solar, pero es indudable también el parecido con el famoso bronce Carriazo, de origen tartésico pero de influencia fenicia que representa a una divinidad femenina.

     Las cerámicas de los Aït Ouriaghel dibujadas por  Emilio Blanco Izaga nos da una idea de una pequeña evolución ya que vemos formas de vasijas relativamente modernas. Estas son  replicas en cerámica de modelos metálicos, como lo son algunos tipos de candelabros, los juegos de té con sus bandejas vasos y teteras, cafeteras etc. y sobre el primer cuarto de siglo XX, vemos también como las alfareras  añadieron  un pie anular a algunas de sus formas clásicas, para aumentar su estabilidad. El resto del repertorio de su cerámica se ha mantenido fiel a sus formas arcaicas, mantenidas en la memoria y transmitidas de madres a hijas desde la noche de los tiempos.

      Quizás la característica más importante de la cerámica rifeña, es la abundante y rica simbología de su decoración. El origen de los símbolos se remonta a los principios de la humanidad y es en la interpretación de estos motivos antiguos, que se afanan pre historiadores, antropólogos, etnólogos, estudiosos de las culturas primitivas y todos aquellos que están cautivados por el lenguaje de estos signos.

     Todos estamos  de acuerdo en considerar que estos signos sobre las cerámicas no son casuales,revelan un intención místico-mágica-religiosa: conservación del ser y de la especie, fertilidad de la tierra y de los hombres, culto a los muertos, magia protectora…. y sobre el hecho de que esta intención es común en las sociedades carentes de escritura con vocación agraria desde el neolítico.

     Los motivos que decoran las cerámicas no son casuales, ni una mera decoración creativa, es mucho más profunda. Estas decoraciones están inspiradas por creencias ancestrales y se encuentran en todos los lugares de su existencia, en la cerámica, en los tejidos, en los tapices, tatuajes en la piel, decorando las paredes de sus casas o disimulada entre la decoración de sus joyas y sirven también como signos de identificación tribal. Cada pieza tiene una decoración propia de su forma y uso que todas las alfareras de la tribu respetaban pero en los rellenos es donde la simbología cogía fuerza  según el  destino de esta, “para que” , “para quien” variaban  los símbolos con cruces, triángulos, rombos, serpientes,  cuadriculas etc..   Los signos que constituyen estos símbolos son generalmente esquematizaciones geométricas, y están sacados de creencias populares generalmente más o menos olvidadas hoy en día. Estos símbolos  eran  el lenguaje secreto de las mujeres.

     Cuando observamos una manifestación de arte popular bereber, cualquiera que sea, con detenimiento, deducimos que el amor a la belleza está estrechamente ligado a la expresión simbólica de una cultura tradicional ancestral

      Durante su estancia en Beni Ammart y posteriormente en Bokoya y Beni Urriaguel Ouriaghel  1929-1936 Emilio Blanco Izaga tuvo  la gran suerte de convivir con esta cerámica en su pleno apogeo y uso. Seguramente se quedaría completamente cautivado por la extrema belleza.  A través de esta cerámica las alfareras de Aït Ouriaghel sin sospecharlo han dejado escrito para la eternidad la impronta cultura de todo un pueblo y el sello de identidad trivial que hoy por hoy ya encontramos  expuesta  en los mejores museos del mundo como el British Museo, El Museo Contemporáneo de Nueva York y el Museo Du Quai Branly de Paris  entre otros. En este siglo XXI la producción alfarera se ha modernizado, nuevas formas hacen su aparición adaptándose al gusto de una sociedad urbana que demanda una cerámica con formas mas modernas para uso decorativo. La cocción se realiza en hornos de gas y la mano masculina también hace su aparición en los talleres cerámicos.