LA ALFARERÍA femenina  BEREBER                                          del RIF

Un legado ancestral hecho de manos de mujer


 

 

En el Rif, desde Ifran Ali hasta Nador, de Nador hasta Taounate, la alfarería solo tiene nombre de mujer.

 

    De todo Marruecos, solo en este triangulo geográfico del Rif y pre- Rif, la alfarería es femenina sin participación del hombre. Desde la recogida de la arcilla  pasando por todas las fases hasta su cocción en horneras a cielo abierto siempre ha sido “cosa de mujeres”.

 

    Sus raíces son rurales y su función es domestica para proveer la casa de utensilio para facilitar el almacenamiento de líquidos, grano, harina y la vajilla de cocina.

Se distingue esta cerámica por tres valores importantes: es utilitaria, decorada para embellecer la casa e identificativa.

Cada tribu  tiene su propia decoración y forma. Una decoración llena de símbolos constituidos por signos mágicos y profilácticos.

 

    La fragilidad de la cerámica bereber debido a su técnica de realización y su forma de cocción  y su utilización domestica hace que  tengamos pocos objetos muy antiguos (anteriores al siglo XIX) pero esto no significa que no provenga de una cultura antiquísima. Primero por sus técnicas: de modelado sin torno, de decoración (los utensilios y pigmentos utilizados) y  de cocción y en segundo lugar por sus múltiples similitudes con otras cerámicas de culturas antiguas. 

 

     Esta producción alfarera, aprendida de madre a hijas anclada en una tradición milenaria, hace que  las mujeres rifeñas, fieles a su cultura, han sabido mantenerse al margen de las influencias culturales y tecnológicas que a lo largo de los periodos protohistorias e históricos han jalonado todo el mediterráneo, creando y manteniendo una cerámica personal y particular que poco ha variado desde las primitivas vasijas neolíticas.